La naturaleza intrinseca más cooperativa que competitiva del ser humano.

Creo que esta naturaleza colaborativa es una de esas ventajas evolutivas que hoy más estan incidiendo en un cambio de paradigmas individuales y por ende sociales.
De unos años a esta parte, se hace evidente ese imput cooperativo y colaborativo: fenomenos como el crowfounding, modelos alternativos de banca y gestion  e intercambio de moneda, plataformas de intercambio de “tiempo” vs “dinero”, de viviendas, de vehiculos, etc…

Dos factores evolutivos dónde se sustenta esta naturaleza más colaborativa que competitiva:

1.– El hecho de que el mamífero humano para una cría poco formada permite que gran parte del desarrollo, se realice fuera de la madre, es decir fuera del útero. Esto facilita el desarrollo de un cerebro más grande (en los mamíferos esta más desarrollado que en cualquier otro grupo de vertebrados), sin que su crecimiento suponga un peligro para la madre (lo que supondría una desventaja adaptativa). Permitiendo el gran desarrollo de la corteza cerebral en el curso de la evolucion lo que ha implicado el alto nivel mental del hombre.

2. – La inmadurez humana: su incapacidad para sobrevivir por sus medios durante un largo período de tiempo, lo hace dependiente del grupo, dando lugar a la naturaleza social del hombre. De ahí que muchos sociologos, psicólogos y estudiosos del comportamiento humano, aboguen por una naturaleza intrinseca más cooperativa que competitiva del ser humano. Esto además justifica claramente una ventaja evolutiva del ser humano. La misma necesidad del aprendizaje social y cultural revierte en que un cerebro mayor  ademas es una ventaja adaptativa.

La importancia de la colaboración e interdependencia en los sistemas humanos

Lo que nos define como humanos: Una de las características más propias de los seres humanos es que somos seres sociales. En la naturaleza, nuestra especie se encuentra junto a los invertebrados coloniales (el coral sería un ejemplo) y los insectos sociales (abejas, hormigas, termitas..) como ejemplos extremos de organización social compleja. Sin embargo, a diferencia de los invertebrados coloniales que son genéticamente idénticos entre sí y los insectos sociales donde los miembros están muy estrechamente relacionados, los seres humanos hemos evolucionado para generar organizaciones sociales que abarcan e involucran a individuos no emparentados entre si. La llamada tribu. Muchos mamíferos y la mayoría de primates viven en grupos sociales que les proporciona una mejor protección ante los depredadores.
Los seres humanos, sin duda, hemos escrito una nueva página en la historia natural de la cooperación de los animales. Se trata de vivir en grupo y cooperar unos con otros desde un perspectiva del mundo en plural.

Factores evolutivos:  Durante la evolución del ser humano, coexistieron varios factores que nos empujaron a la socialización.
Nuestro enorme cerebro exigía cada vez más energía y se supone, según los estudio evolutivos, que hubieron varias adaptaciones por esto:
-redistribuir el gasto energético, consumiendo menos energía en la locomoción
-crecer y reproducirnos menos.
– aumentar la disponibilidad de calorías mejorando la calidad de la dieta.
Todo ello generando estrategias creativas, que nos salvaban del hambre, y estrategias de cooperación, hoy por ti mañana por mí. Nuestro gran cerebro nos exigió cooperar y la cooperación mantuvo nuestro cerebro.

Desde dónde, el sentido de pertenencia:  Hubo un paso de adaptación evolutiva, que consistió en aumentar la colaboración de entre unos pocos individuos Tribu a la colaboración entre grupos mayores, tal vez debido a una mayor competencia con otros grupos humanos. Algunos antropólogos postulan que este fue el origen de sentido de pertenencia a un grupo en confrontación a otro. Durante este proceso, para que esta nueva conducta se convirtiera en una estrategia adaptativa evolutivamente estable, se debió generar una forma de compartir el botín que fuera mutuamente satisfactoria para todos los miembros del grupo y para asegurarse de que todo el mundo está motivado en el trabajo colaborativo, los miembros que fueran por libre (tramposos) eran excluidos del botín. Así, durante el paleolítico el individuo altruista obtenía prestigio social mientras que el egoísta era literalmente excluido de la tribu considerado muchas veces como una especie de muerte en vida.

Esta aparición de estrategias de obtención de colaboración obligada (el aprendizaje surge y se sustenta ante una necesidad a cubrir) durante la evolución humana proporcionó una base sólida para una nueva conducta de interdependencia. Lo maravilloso de esta nueva actitud no se basa en la reciprocidad, no hay una contabilidad de intercambio ni contingencia de los actos útiles de unos sobre los otros pues es abordada desde la función motivadora de la “participación total” y no del intercambio. La interdependencia creó una motivación para que las personas se ayudaran unas a otros como la mejor manera para sobrevivir.

Cuando se perdió el sentido de la interdepencia: A medida que la agricultura se afianzó como método principal de obtención de alimentos, hubo un cambio enorme de paradigma, aparece el superávit y se corren nuevos riesgos: pérdidas de cosechas por temporales plagas o guerras… por lo que la sociedad empieza a premiar a aquel que guardó para sí, al que fue egoísta. Paradigma que dura hasta nuestros días, volviéndose cada vez mas “salvaje”, aunque salvaje tal vez sea el adjetivo menos adecuado.

***

Estos son solo unos pocos pero determinantes factores en los que se basan algunas de las nuevas corrientes en la “ecología de los sistemas humanos” que explican la característica natural  intrínseca del ser humano como “cooperativa y colaborativa” más que competitiva. Lo que a su vez da respuesta a los motivos del “malestar y el aumento de disfunciones físicas y mentales creciente en nuestra sociedad”. Nos hemos alejado de nuestro instinto cooperativo y entrado de lleno y muy peligrosamente a un forzado sistema competitivo.

“COLABORAR O EXTINGUIRSE”

Parece ser que por fin retornamos a esta conducta de interdependencia, que una vez nos “salvo” en otro escenario. Bien pensado, un escenario no tan diferente al de hoy en relación a nuestras emociones primarias, es decir, lo que nos “mueve” hacia el bienestar o la extinción. Es evidente que vivimos un momento crítico evolutivo, en el que se ha reducido no ya (aunque también para algunos) las fuentes que cubrian nuestras necesidades más básicas,  si no el bienestar y equilibrio emocional/fisico del individuo dentro de las estructuras sociales, comenzando por la familia.

Conclusión:

A diferencia de otros animales (la mayor parte de los primates) que se involucran en relaciones sociales complejas en la búsqueda de ganancias personales, las relaciones que desarrolló la especie humana, nos condujeron a trabajar conjuntamente en beneficio del grupo y a entender el mundo en plural.

Lo que en su momento fue una estrategia inevitable para la subsistencia quedó grabado en la naturaleza del ser humano. Y ojala, las evidencias actuales de nuevas “organizaciones” grupales (que son alternativas al sistema/paradigma piramidal) enfocadas en el benefico de los individuos que se interrelacionan como parte de un ente mayor y holográfico sea solo la punta del iceberg de un movimiento silencioso (en mi opinión precisamente por este motivo avanza imparable, los medios no le prestan atención) hacia un cambio de paradigma.

Hay un libro, altamente recomendable sobre este retorno al paradigma “colaborativo”, realizado por un psicólogo y un sociólogo,  “Los creativos culturales”. Yo tengo el pdf. Pues no esta a la venta en versión castellano. Lo envio a quien tenga interés en el tema.